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San Miguel de Tucumán

Viernes 16 de Abril de 2021

26/03/2021

Espectáculos

PROTAGONISTA

Cristina Pérez: de una "chica rara" en Tucumán a una figura en Buenos Aires

La periodista tucumana dio una entrevista donde habló de su infancia, sus comienzos en los medios y la oportunidad que la llevó a ser una de las mujeres más reconocidas de los medios nacionales.
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Cristina Pérez en Infobae. Foto Infobae.-


Cristina Pérez es hoy una de las periodistas más reconocidas a nivel nacional, ya sea por el tiempo que lleva en los medios de comunicación más importantes y últimamente por sus preguntas sin filtros y cruces con algunos de los dirigentes políticos más renombrados del país.

En las últimas horas, la tucumana fue parte del ciclo “Cómo llegué hasta ahí” de Infobae, donde respondió durante una hora preguntas de estudiantes de periodismo, que fueron desde su infancia en Tucumán, sus comienzos en los medios de la provincia y su gran oportunidad de viajar a Buenos Aires de la mano de Alejandro Romay.

Además habló de su vida personal, sus pasiones, su vocación por el periodismo y su decisión de no ser madre.

A continuación la entrevista completa:

-Soy Cristina Pérez y mi sueño favorito es volar.

Se hace un silencio. Cristina Pérez -periodista, tucumana, y la segunda protagonista del ciclo Como Llegué Hasta Aquí, de Infobae en la Usina del Arte-, mantiene la pausa. Frente a ella, muchos estudiantes de diferentes carreras -tantos como el protocolo sanitario permite- la escuchan atentamente. Durante la próxima hora Cristina contará su historia personal, responderá preguntas, hablará de fracasos, de éxitos, de oportunidades y de elecciones. Pero empieza por aquello que más la define: “Soy Cristina Pérez y mi sueño favorito es volar”.

Después, al fin, rompe el silencio y sigue: “Pero ese sueño es uno que no puedo decidir cuándo ocurre. Sé que cuando ocurre es absolutamente real. Podría decir, entonces, que de alguna manera sé lo que es volar. Hay otros sueños en la vida, pero nunca los sentí lejos. Si hay algo que siento que me define es que la distancia entre lo que sueño y el momento en que intento hacerlo realidad no existe”, dice.

Después, se remonta a su infancia. “Cuando yo tenía 7, 8 años, me sentaba frente a un espejo con un cepillo de peinar el pelo, de esos de hacer brushing, y jugaba que era un micrófono de radio o televisión. El espejo era oval, como de hierro, así muy sencillo, porque mi familia era clase media baja, a veces cayéndose, como la clase media en Argentina que siempre está ahí oscilando, haciendo equilibrio, intentando un poquito más, a veces pudiendo hacerlo y a veces no. Me acuerdo que frente a ese espejo donde yo me sentaba hice mi primer noticiero”.

Con el tiempo, Cristina fue creciendo y ese sueño que parecía una fantasía frente al espejo comenzó a tener dimensión real. En su Tucumán natal solo había un noticiero al aire. La periodista a cargo era Silvia Rolandi (“la primera imagen de una presentadora que conocí”, cuenta Cristina).

“Yo era una chica rara. O sea, era la que en la casa dicen: ‘¡Se encierra a leer, qué vamos a hacer con esta chica! No quiere ir a jugar, se encierra con unos libros’. Yo me encerraba a leer, sí. Un día se me ocurrió que tenía que entender la Biblia por ejemplo, entonces leí la Biblia entera, un esfuerzo inconmensurable, creo que ni los curas leen la Biblia entera, y llegué al Apocalipsis agobiada. No sé cuánto me llevó leer la Biblia. Pero al mismo tiempo leía poemas de Amado Nervo, de Pablo Neruda”, cuenta

Sus inicios, el éxito y el fracaso

“Una de mis frases es que en la vida hay que patear al arco. Y cuando me dicen: ‘Pero a vos te sale todo bien’, yo digo: ‘Éste no sabe que pateé veinte para que entrara una, o que pateé cien para que entrara una’. Y las que no entraron algunas me dolieron en el alma porque eran cosas que yo realmente quería. Pero tragedias que no ocurrieron o que no se conocen nadie lamenta. Y logros que no ocurrieron y nadie conoce nadie aplaude. Entonces nos queda lo que hacemos”, dice Cristina.

Y hace una pausa y después reflexiona:

“En definitiva, cualquier cosa que uno realmente quiera hacer con éxito requiere de la maestría, que se logra con experiencia, con horas de vuelo, con kung fu, con práctica, con repetición, con búsqueda de la excelencia. Pero requiere también de sostener. Requiere de pelearse con el tedio, de no permitirle entrar. Requiere de estar lo suficiente enamorados de lo que queremos lograr como para que no nos importe en absoluto lo que digan. Entonces, yo creo que a las críticas hay que tomarlas para aprender pero también hay que saber distinguir una crítica de una piedra que te arrojan”.

Solo después de las primeras reflexiones, Cristina recordó sus comienzos. A los 14 años inició su carrera en la comunicación, trabajando específicamente en radio, en Tucumán. Cubría el espacio de sábados y domingos a partir de las seis de la mañana, por lo cual en su adolescencia no supo lo que era salir a bailar con amigas.

A los 16 entró en la televisión, también en el canal de su Tucumán natal. Hoy tiene 47 y dice: “Cada día para mí es un día en el que no me aferro, que empiezo de nuevo”. Como no había carrera ni de periodismo ni de locución, eligió estudiar Historia. Además, nunca dejó de leer.

Al escuchar que empezó a los 14, una de las estudiantes presentes en la charla levanta la mano. Cristina le cede la palabra para que haga su pregunta. La estudiante dice:

-¿Cuál fue el primer trabajo que te permitió vivir del periodismo y cómo lo conseguiste?

-Bueno, si tomo que a los 14 años ya tuve mi primer sueldo, en ese momento me compré un jardinerito color verde. Para mí fue un hecho capital en mi vida. Pero a los 16 ya entré a trabajar en un cable y ya ganaba más dinero. Y a los 19 vine a Canal 9, en Buenos Aires, y ahí ya ganaba mucho dinero para una chica de 19 años. Mucho dinero... piensen que fue pasar de ganar para comprarte un vestido a un sueldo en Buenos Aires como reportera. Por supuesto yo llegué acá ya habiendo trabajado seis años y todo lo demás. Pero para mí era mucho dinero. Yo siempre me sostuve, no es que vine acá y tenía a alguien que me ayudara, entonces tenía que pagar un alquiler, todo…

-¿Y cómo fue que conseguiste trabajo en Canal 9 estando en Tucumán? -repregunta la misma estudiante.

-Estando en la radio le hice una nota a Romay una vez que vino a Tucumán (NdR: Romay también era tucumano). Todavía tengo la foto, yo tenía un jopo ochentoso muy gracioso, y tenía un blazer re periodista de CNN, aunque todavía no existía la CNN. Y a él le gustó mi voz, porque era locutor y le encantó mi voz. Y me dijo: ‘Nena, por qué no te venís al hotel donde estoy y te hago una prueba, ¿te gustaría que te haga una prueba para mi canal?’. Y yo no tardé ni un suspiro en decirle que sí. Pero no tenía idea de lo que me iba a preguntar. Tampoco tenía idea si tenía talento o no. Me acuerdo que llegué a ese bar y él estaba sentado, con poco tiempo, y era Romay... Me dio un diario Ámbito Financiero, que en esa época tenía unos cuadritos de noticias chiquititos, y había uno que era sobre Cavallo y me dijo: ‘¿Ves esta nota nena? Hablame cinco veces de este tema’. Yo la leí, y no sé qué le dije pero empecé a hablar de eso, a hablar, a hablar, a hablar, a hablar. Luego decodifiqué: en la televisión de esa época uno estiraba. Estiraba. Porque fallaban más cosas en esa época en la televisión. Y él estaba probándome a ver si yo tenía capacidad de improvisar, de hilar un relato con cierto sentido, y de estirar. Y me acuerdo que él le prestó especial atención a eso.

Su llegada a Buenos Aires

Después de aquella prueba, lo único que le quedaba era esperar un llamado. Así lo hizo. Y pasaron varios meses y nada. Pero un día ese llamado llegó. “Me acuerdo que un día salgo del canal en Tucumán, me tenía que ir a la Facultad, y pasé por la farmacia de mi tía, que era en el centro. Y ella me dice: ‘Te llamaron de Buenos Aires’. Y ahí se me paró el corazón. Era diciembre, dí como un salto. ‘Una señorita Antonia’, me dice. Yo me acordaba: era la secretaria del director de noticias. Entonces al toque llamé. ‘Sí, ¿Antonia? Soy Cristina Pérez, la llamo de Tucumán’. ‘Ah, hola Cristina, cómo le va. ¿Puede venir mañana?’, me dice. Y yo le digo: ‘No, mañana no, pasado’. O sea, realmente no tenía la plata para comprarme un pasaje de avión, era muy caro, pero sí me podía ir en micro. Entonces me acuerdo que le dije que sí, que pasado mañana iba. Salí volando a buscar que me dieran un anticipo de sueldo para comprarme el pasaje de micro y venir para acá. Y cuando vine supe para qué me llamaban: necesitaban una suplencia por tres meses de verano. Así que firmé mi contrato por tres meses”, cuenta

“Yo siento que siempre me preparé para tener esa oportunidad, que si no me hubiera preparado y venía la oportunidad, no había oportunidad…”, dice. Después recuerda a Romay, el primero que creyó en ella, y le agradece. Muchos en la audiencia no saben quién es Romay. Cristina les explica que fue un hombre muy importante para nuestra televisión.

“Que viniera alguien que creyera en mí fue fundamental. Y Romay creyó en mí. Y cuando alguien cree en vos te viste de poder. Yo creo que uno tiene que creer en uno, sí, pero cuando alguien más cree en vos de alguna manera te saca alas. Te hace sentir digno de enfrentar un desafío. Te hace sentir que valés. Yo creo que todas las personas valemos, pero a veces necesitamos mucho que alguien nos dé ese abrazo en el que nos enseña a caminar ¿no?”, reflexiona.

“Otra cosa que me parece muy importante a la hora de definirme y si tuviera que decir qué me ayudó a construirme, es aprender a relacionarme con el dolor. Al dolor hay que aceptarlo, no es algo que se solucione fácil. Tiene aprendizajes, tiene enseñanzas. Y esa relación de aceptación con eso, de saber si ya me pasó, ya lo superé, va a volver a pasar. De aceptar. De seguir. Me parece que son capitales porque hay algo que, por ahí es una metáfora bastante televisiva, a mí me gusta lo que dice una periodista muy conocida que se llama Barbara Walters. Dice que la vida es una audición, y creo que uno aunque haya tenido el peor día de su vida tiene que salir bien vestido. Mi abuela era modista, la vi quemarse los ojos cosiendo vestidos para darnos de comer, ella también lo hacía, no solo Barbara Walters. Uno tiene que salir bien vestido a la vida. De pie ante la vida. No mirarnos como víctimas. No mirarnos como alguien que va buscando pena. Porque si no, nos encuentra la pena. Tenemos que mirarnos como alguien que está atravesando algo humano pero que decide estar de pie y mirando de frente a las situaciones”, dice.

“A mí me pasaron cosas durísimas pero las sabe poca gente. Y yo las he atravesado con todo, hasta los huesos. Entonces lo que queda finalmente es dar lo mejor en cada cosa. No tuve la suerte de terminar una carrera universitaria porque empecé de muy chica a trabajar, pero sin embargo me formé como si hubiera estudiado tres carreras: estudié literatura inglesa con tres universidades, aplicando en la Universidad de Londres y siendo aceptada, formándome en inglés con profesoras particulares, y sacando una alta calificación. Con esto no estoy hablando bien de mí, estoy diciendo que aún en situaciones adversas uno puede, que no necesitas nacer en una familia aristocrática que te manda a un colegio de doble turno bilingüe para ser alguien, que lo podés hacer.

“También me aceptaron en la Universidad de Oxford para hacer estudios online. Ahí hice un par de cursos sobre escritura de ficción y crítica literaria. Yo nunca dejo de estudiar algo. Ahora estoy estudiando francés. También estoy escribiendo mi cuarto libro. Me gusta escribir ficción. La literatura inglesa me desbloqueó, porque durante muchos años no podía escribir ni una letra de ficción debido a que tenía las palabras puestas en el periodismo. Y cuando pude liberarme de eso no solamente empecé mi carrera en el teatro sino que también es como si hubiera sacado el alma de una jaula...porque en realidad la literatura es más importante para mí que lo que escriba haciendo periodismo. Digamos, a mí me pueden romper el corazón, me puede dejar un novio, me puede traicionar un amigo, me puede ocurrir una injusticia terrible… pero yo sé que llego a mi casa, agarro un libro y hay una línea que me va a salvar la vida. Punto”.

Las elecciones de su vida

“Yo siempre digo que las cosas que elegimos son esas por las que estamos dispuestos a entregarlo todo. Muchas veces me dicen: ‘¿Pero no querés ser mamá?’. Y yo no me veo no durmiendo por tener un bebé entre los brazos, dándole la teta. Me parece un sacrificio enorme que no tengo ganas de tener. Parece duro esto, pero a veces me quedo escribiendo hasta las cinco de la mañana y eso no me parece un sacrificio. Entonces ahí hablo de la vocación. Y sería hipócrita no decirles esto. Entonces creo que lo que elegimos es aquello por lo que estamos dispuestos a desvelarnos hasta las cuatro, cinco de la mañana. Y es importante definirlo cuando hay tiempo porque la vida se pasa muy rápido. Y si tomamos una decisión sobre eso que nos va a desvelar pero lo hacemos pensando en lo que los otros quieren de nosotros, podemos terminar con una vida muy infeliz. Tiene que ser nuestra decisión. Y después nos hacemos cargo también, porque si le estás dando todo al trabajo también hay costos”, dice ahora, hablando sobre sus propias decisiones de vida.

“Realmente este trabajo hace que todos los días esté compitiendo, y no me da vergüenza la palabra porque uno sale a ganar, porque son ambientes muy competitivos donde se mide el resultado. Si lo estás haciendo bien hay más gente que está ahí viendo. Y no voy a ser hipócrita, porque no lo soy: me gusta la competencia. Creo que la primera competencia es conmigo misma. Y la competencia la mayor parte de las veces implica saber perder. Ganar es más fácil, pero hay que saber perder. Porque si no sabés perder probablemente no llega ese momento en que ganás. Y también hay que darle su justa medida a las cosas. No es una tragedia perder ni lo es todo ganar, porque dura poquitito”, reflexiona.

“Habiendo dicho esto, también puede pasarme que diga: ya hice todo lo que quería, ahora tengo ganas de ser madre. Puede ser. Lo que sé que no me va a pasar es pensar: se me acaba el tiempo, voy a ser madre por las dudas. Todos me dicen que me pierdo lo mejor del mundo, y no lo voy a hacer porque me digan eso si no lo siento. O si tengo una pareja que me dice: ‘Yo quiero estar con vos pero quiero que tengamos un hijo’, que es algo que me pasó. Entonces tenés un hijo porque el otro quiere un hijo... Bueno, eso yo no lo haría. Pero si cambio de idea yo, y siento que quiero eso y que es lo que determina mi felicidad, si es lo genuino, lo que a mí me sale del alma, lo haré. Pero yo hoy no tengo dudas y prefiero decirles la verdad, no caretearla, porque básicamente eso es lo que soy ¿no? Si ustedes me preguntan qué es lo más importante en mi vida, yo les contesto que es la libertad. Porque sin libertad tampoco hay amor”.

Sus secretos como periodista

“Yo me acuerdo que salía a la mañana cuando era reportera y decía: ‘¿Cuál es la pregunta clave de hoy?’. Y no sabía a quién me iba a tocar entrevistar, pero yo sabía que si iba tenía que matar. O sea, tenía que preguntar bien. Porque éramos pocos canales y los periodistas que preguntaban eran muy buenos, y era gente que me llevaba diez, veinte años, treinta años, y yo era muy jovencita. Y yo sabía que tenía que tener la pregunta justa”, cuenta.

“Eso me hizo ser como muy filosa en las preguntas. Hay un conductor de Estados Unidos que se llama Dan Rather -de los que se llaman los big four, que son como los cuatro conductores importantes de noticieros- que una vez en una clase con alumnos de la Facultad les dijo: ‘No se olviden que tienen que saber hacer la maldita pregunta’. Yo creo que un periodista tiene que saber hacer la maldita pregunta. Aunque a muchos no les guste. Tengo varios ejemplos de haber preguntado algo y que me salieran a matar por todos lados. Pero si yo no hago esa pregunta, no puedo dormir a la noche”.

Varios estudiantes levantan la mano. Todavía queda un rato y Cristina se dispone a responder. Vienen la primera.

-Si pudieras hablarle a aquellos que sienten que no les salen las cosas, que no le encuentran la vuelta al oficio, ¿qué les dirías? ¿Dónde encontraste vos fuerza para seguir, más allá de que tu carrera fue siempre en ascenso?

-Mi carrera no fue siempre en ascenso, eh. No, no. Me pasó de todo. Desde gente que quiso que no estuviera más y sacarme del medio, a cosas que no me salieron como yo esperaba. A situaciones de presión donde preferí no ganar algo para no perder algo que era más importante. A momentos donde el trabajo se convierte en un padecimiento por mantenerte en tu posición porque crees que es lo que está bien aunque podés perderlo todo. Y en ese momento vos no sabés si lo vas a perder todo. Tuve también situaciones donde no se me dieron las cosas. Pero no voy a decir: acá me dijeron que no. Ni loca lo digo. Voy a intentar mañana que me digan que sí. Ni loca digo: esto no me salió. Yo lo sé, pero hay que seguir.

-¿Y qué pasa con los fracasos?

-Yo creo que los errores o los fracasos son parte del camino evolutivo. Hay una frase de Becket que dice: ‘Falla, no importa, intenta de nuevo, falla mejor’. Entonces uno falla, intenta de nuevo, y el próximo error va a ser de mejor calidad. Creo que ese es el camino evolutivo. El camino evolutivo del error. Creo que si no nos equivocamos no aprendemos. No hay manera de que alguien aprenda si no se equivocó. Y lo otro es algo que una vez me dijo una persona, que en la televisión hay una lección muy importante: no te subas cuando te suban ni te bajes cuando te bajan.

-Cristina, muchas gracias por este tiempo, por abrir tu corazón a nosotros. Me gustaría preguntarte cuál ha sido la mayor enseñanza que te ha dado la vida, y qué le dirías a esa niña que se sentaba frente al espejo a jugar al noticiero.

-Lo más importante que aprendí es que se puede estar en una situación muy crítica, extremadamente crítica, y volver a empezar. Cuando podés con eso podés con cualquier cosa después. Y a esa nena le diría que lo hicimos. Pero que lo seguimos haciendo, porque yo no me separo de mis vivencias de infancia porque son genuinas en la inconsciencia y en la candidez necesaria para soñar. Yo creo que sigo siendo un poco esa niña, por suerte. Con un poco más de años, pero esa niña, siempre...

Fuente: Eltucumano.com


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