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Martes 29 de Septiembre de 2020

30/01/2020

Redes Sociales

ENTREVISTA

Catador de Alfajores: el joven que convirtió en profesión el consumo de su golosina favorita

A los 22 años es un éxito en las redes sociales. En diálogo se refirió a sus favoritos, sus enemigos (gastronómicamente hablando) y su pequeña contienda con Hugo Basilotta, el dueño de Guaymallén.
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Facundo Calabró, Catador de Alfajores

Se llama Facundo Calabró pero todos lo conocen como el “Catador de Alfajores”. Tiene 22 años, es locutor, community manager y estudiante de Letras. Al unir todo esto con su pasión por la golosina más famosa de la Argentina albergó en sus diferentes redes sociales más de 130 mil seguidores. En diálogo con Ámbito se refirió a sus favoritos, sus enemigos (gastronómicamente hablando) y su pequeña contienda con Hugo Basilotta, el dueño de Guaymallén.

Periodista: ¿Cómo nace la idea de ser catador de alfajores?

Facundo Calabró: Es un proyecto en el que logré reunir dos pasiones que habitualmente están contrapuestas: el consumo de alfajores y la reflexión aplicada a una temática no demasiado prestigiosa. Esa unión, que es básicamente un chiste, esto de degradar el pensamiento para reflexionar acerca de un objeto tan cotidiano y tan trivial como los alfajores es algo que a mí me atrae y me atrajo toda la vida. Desde muy chico vi a Internet como el lugar donde podía llevar a cabo estos planes. No fue tan extraña la fusión que hice porque ya había gente que lo había intentado. Empecé en 2014 porque encontré en Capital Federal el Capitán del Espacio, un alfajor que hasta ese momento no se conseguía tan fácil, con un trasfondo mítico que me fascinaba. Decidí escribir sobre eso, compararlo con el Jorgito para ver qué del mito se verificaba en la realidad. Esa fue la primera reseña. Tuvo un rebote que yo no me esperaba.

Periodista: ¿Qué debe tener un alfajor para convencerte?

F.C.: Creo que el mundo de los alfajores es una especie de mapa. Tiene una larga historia y está dominado por ciertos paradigmas: está el paradigma del alfajor santafesino, el paradigma del alfajor cordobés y el paradigma del alfajor marplatense. Este último es representado todavía hoy por el Havanna. El Havanna es un modelo en el imaginario del consumidor y en el imaginario del productor, es una referencia. Cualquier alfajor nuevo que surja después del Havanna, necesariamente tiene que ser comparado con él. Cualquier análisis tiene que partir de la comparación del nuevo alfajor con los alfajores que lo preceden. Para mí, un buen alfajor tiene que romper con los paradigmas que lo preceden, que encuentre sabores que uno no había imaginado y que, hasta el momento, no había aparecido. Esto no quiere decir necesariamente que sea un alfajor de buena calidad y buenas materias primas. El alfajor es una unidad que va más allá del chocolate o de la calidad del dulce de leche; es una ecuación de sabores. Y si esa ecuación se parece a todo lo anterior, yo no considero que sea un buen alfajor.

Periodista: ¿Por qué creés que tu propuesta genera tanta empatía en redes sociales?

F.C.: Es uno de los grandes misterios, no tengo una respuesta demasiado fehaciente. Es difícil de explicar la relación que tenemos los argentinos con los alfajores. Evidentemente trasciende la relación habitual que tienen los consumidores con los productos que desean consumir; es una relación pasional que involucra cuestiones del orden de lo irracional o lo subjetivo como la identidad. Al elegir un alfajor entran un montón de cuestiones que el mercado y el marketing nunca han podido descifrar. Se superpone el éxito que tuvo el mercado industrial de los alfajores con el significado que tienen las golosinas en la infancia.

Periodista: ¿Alguna marca te contactó tras una mala crítica?

F.C.: Las multinacionales a mí no me dan pelota, no sé si leen algo de lo que escribo. El cruce más virulento que tuve fue con Hugo Basilotta, el dueño de Guaymallén. Una vez salió un ranking de los peores alfajores y por un error, -porque yo no había mencionado esa marca, que de hecho me parece un muy buen alfajor por el precio que tiene- salió el nombre de Guaymallén, que yo no había mencionado. Ahí tuve la primera rencilla. Y hace poco Basilotta publicó un ranking, yo se lo critiqué públicamente, y salió a cuestionarme. Con las empresas argentinas soy muy cuidadoso y respetuoso.


¿Qué es esto? ¿Un alfajor cuádruple? ¿Hace falta decir que estoy a favor? pic.twitter.com/sEopb0EqUY

Periodista: ¿Cuál es tu favorito?

F.C.: Dentro del género marplatense me fascina un alfajor que es de San Antonio de Areco, que se llama La Olla de Cobre. Es un alfajor artesanal que ya tiene más de 40 años y tiene un balance de sabores y de texturas muy moderno, que es impactante cuando uno lo prueba. De todas maneras, y hablando de paradigmas, prefiero más los alfajores de masa salada, rústica y cobertura de merengue, porque ayudan a realzar el dulce de leche.

Periodista: ¿Y cuál es el alfajor que menos te gusta?

F.C.: Los alfajores baratos son muy berretas, al punto que los persigue la ANMAT y prohíbe la comercialización de ciertos lotes. Yo no los pruebo más, los comía cuando era chico y bastante mal me habrán hecho. Mi batalla va más contra los alfajores que son caros, muy pretenciosos y en la práctica no tienen nada de original. Unos son los de multinacionales, que derivan de golosinas y que son un invento del marketing. El alfajor Pepitos, el alfajor Oreo y el alfajor Bon o Bon son los que más aborrezco, son inventos sin ningún tipo de sustancia. Cuando uno los prueba son alfajores muy comibles, pero no tienen nada de interesante. También es mi gran enemigo esa especie de mamushka prefabricada de algunos supuestos productores artesanales que superponen golosinas prefabricadas, una moda que ahora está explotando en Instagram y me resulta incomprensible. Es la consecuencia de la moda del porn food.

Periodista: ¿Hay alfajores cuyo éxito responde más al mito o al valor afectivo que le da el consumidor que a la calidad en sí misma?

F.C.: Absolutamente. Cuando hablo sobre el Capitán del Espacio lo primero que hago es hacer una especie de distinción analítica entre el producto en sí y el mito; y cada vez están más distanciados. Las razones de ese fenómeno no hay que buscarlas en la calidad de ese alfajor, que es del segmento medio, con un sabor muy particular pero no más particular que el Guaymallén o el Jorgito; y, sin embargo, ni el Guaymallén ni el Jorgito generan las pasiones que genera el Capitán del Espacio. Tiene que ver con esta proclividad de la cultura argentina a asociar las golosinas a cosas que no son estrictamente comerciales: asociarlas a la infancia, a un barrio, asociarlas a sentimientos. Lo que pasa con el Capitán del Espacio se parece más a lo que pasa con un equipo de fútbol o una religión que con una mercancía.


Hay alimentos que nacieron para cumplir una función auxiliar, para ser el Robin de algún Batman.

El coco por sí solo no vale nada; pero su infinita humildad glorifica al dulce de leche. Lo hace evolucionar, crecer, elevarse.

Juntos, son invencibles. pic.twitter.com/RhDjVBtIPW

Periodista: ¿Cuántos alfajores comés por día?

F.C. Mi consumo es muy alejado de la rutina del consumidor de alfajores típico. Hoy por hoy es raro que me coma un alfajor entero por día, trato de ser bastante consciente. Trato de comer entre un cuarto y medio alfajor por día. No me alimento a base de alfajores, a esta altura los degusto.

Fuente: Ambito.com



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