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Martes 29 de Septiembre de 2020

06/02/2020

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Puede ser tierno, pero cuando se empinga escracha autos mal estacionados

No se enoja, ni se molesta. Empingarse es mucho más que eso y en Tucumán lo sabemos bien. Este hombre sensible se cruzó con una camioneta estacionada sobre la rampa de discapacitados y le agarró ira. ¿Qué hizo con su empingue? Mirá.
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El Boli Lamoglia, un amigo en la ciudad. Fotos: P.N.


Toda la vida Marco Gabriel Lamoglia se molestó cuando le agregaron la ese al final de su primer nombre, pero en los últimos meses los autos y las motos que estacionan mal en Tucumán han llevado al pico su indignación.

Cada vez que un vehículo estaciona en el lugar por donde debería caminar un transeúnte, la sonrisa amable de Marco se quiebra por las calles del centro tucumano, por donde lo saludan, por lo menos, una vez por cuadra.

Con amigos en el mundo del rugby y del básquet, de Atlético, del Gymnasium, de la calle, de la vida, el Boli, como lo conocen, anda siempre con su mochilita en la espalda y un balanceo leve marcado por los hombros y quizás por la hierba que fuma, que lo pone en pausa, sereno.

Por lo general, el Boli lleva un tono humano amigable, bromista –casi siempre antecedido por su risa poco discreta- y por momentos, suave, cariñoso; tierno.

Y cuando ha mezclado esa ternura con sus habilidades en la cocina, ha causado que muchas de las mujeres lindas de Tucumán encuentren en sus vellos del pecho el lugar para hacer rulitos con el dedo: Un osito de peluche de 1,75 de alto.

De las personas que cambian la voz según a quien salude (encariñarla o aniñarla), de los amigos que recomiendan llevar ropa de abrigo, de los que cuentan secretos inocentes que valen mucho.  


Así andaba el Boli con sus 37 años, unos meses atrás cuando por la zona de Tribunales, al mediodía, se cruzó con una camioneta  estacionada en la rampa para discapacitados.  Y dos cuadras después se encontró con un auto estacionado mitad en la vereda y mitad en la calle.

“Dale, compadre, estacioná donde se te cante el pingo”,  puteó para su interior, le sacó una foto y, empingado, la subió a su cuenta de Facebook.  

Porque el Boli no se enoja, el Boli se empinga. Y puede ser que sea uno de los mejores exponentes del verbo tucumano, que exacerba la molestia personal a un nivel imposible de disimular, donde no se permite el filtro, ni la calma, y donde la cara de empingue es tan evidente que el entorno queda fuera de foco.  

A partir de entonces, muchos se sumaron a su indignación y le mandaron fotos y quejas. Entonces el Boli creó una página de Facebook destinada exclusivamente para denunciar a los vehículos mal estacionados. Y le puso de nombre aquello que le había brotado en caliente.


“Es que te hace empingá”, dice el Boli y  la “á” resuena cuando levanta su vozarrón cargado con eco propio, que lo lució en programas de radiales de rock y en relatos de partidos de fútbol.  “No respetan a los demás. No piensan en los demás. No piensan en que una madre, un padre o un discapacitado no podrán transitar si el auto se está ahí. Sólo les importa tener lugar en la sombra”.

La página superó ya los 800 seguidores y todos los días El Boli recibe fotos de tucumanos y tucumanas que denuncian estas infracciones de tránsito. “Cuando me llega una foto, primero me da risa y después me empingo”.  

Y si de la bronca tiene que salir algo bueno, piensa que su página contribuye a mejorar nuestro tránsito: “Al menos yo me sentiría mal si veo la foto de mi auto ahí y la gente me putea por haber sido un culiao. Me sentiría mal y no lo volvería a hacer”.

El Boli se pregunta “¿dónde están los inspectores municipales que no controlan esto?” y cuenta que ha recibido una propuesta de hacer calcomanías gigantes para pegar en los autos mal estacionados.  Si ese proyecto prospera tendrán la leyenda: “Estacioná donde se te cante el pingo”.

Pero la idea de la calco quedará en otras manos, porque en pocos días el Boli se alejará de Tucumán y en alguna ciudad europea emprenderá una nueva vida.  

Donde vivió, siempre se las supo rebuscar. Y una de sus principales herramientas fue la venta de empanadas tucumanas. Quizás también como militancia pura: “Me empinga mucho los autos mal estancionados, pero lo que más empinga es que digan es que las salteñas son las mejores empanadas”.

Y a quien se lo cruce por allá, ya sabe: guarda con andar diciendo eso.


Fuente: Eltucumano.com

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